humo.
Entro al supermercado
desdén.
Muertos entre pasillos
con falsificados trajes de millonarios.
Los ricos no se dedican a comprar mugre.
Hacen guerras.
Perras teñidas,
hasta el cielo puedo ver rubio
a su lado.
Camino vuelta a casa,
resuenan las botellas
entre bolsas indecentes.
Estúpido teléfono descolgado.
Prefiero encerrarme en el tugurio.
Jumo e indigno.
No tengo nadie a quien llamar siquiera MENDAZ
allá fuera en la escalera,
ni siquiera al más traidor de los micos
pues ninguno comprendería.
Jerga barata.
Conversación hecha de mierda.
Pro-mentecatos.
Mil veces lo mismo.
Me pierdo entre velas;
llamas a la puerta,
te abro en desorden,
te ofrezco mi sala.
Te sirvo buen vino.
Disparo entre tus piernas
grasientas desencajadas.
Te abro en desorden.
Armado de una cuchara
te saco los ojos,
penetro tus inertes visiones,
me revuelco en tu greña de perra maltrecha.
Desde tu garganta mutilada puedo oír
mientras te penetro sin claudicar
el más horrendo de los sonidos graves
burbujeante entre gárgaras de sangre.
Infame.
Te ves tan bella con tus risos dorados
teñidos de rojo.
Me pierdo entre tus tetas.
Adusto.
Arrepentido de no haber comprado
una caja de cigarrillos.
Aprieto mis dientes.
Te escupo en mis letras.
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