"Te llamo.
Te corto.
Te llamo;
te corto.
Te llamo, pongo la radio,
Ricardo Arjona (o alguna de esas mierdas).
Te corto.
Te sigo a la casa.
Te digo que el pajarito que dices
estaba equivocado.
Te espero unos días.
Te mando la carta,
te llamo y te corto.
Misiva anónima,
ataca a tu puerta.
Adios."
lunes, 16 de marzo de 2009
domingo, 15 de marzo de 2009
Entregarse a su infinito.
Yo no querría ir a dormir,
ni a encontrarme con el más precioso sueño,
sin la esperanza
de acariciar
por la mañana el despertar.
Yo no querría ya escribir,
si el fin de nuestro Sol
significase al mismo tiempo
el acaecer de nuestra dulce
y extraña humanidad.
No habría estudiado yo jamás,
no habría querido yo leer,
si hubiese imaginado
aunque fuesen dos segundos
que la vida
de manera inevitable
contiene en su alma
a esa negra llamada
muerte.
Si no quisiera ir más allá,
habría elegido abrir mis sesos.
Oírle decir que todo acaba,
ver el desinterés en su cara,
apreciar esos labios
contándome cuan duramente
como siempre termina
por aburrirse,
me resta segundo a segundo
las ganas de existir.
La base del amor
debió ser entregarse
a su infinito.
ni a encontrarme con el más precioso sueño,
sin la esperanza
de acariciar
por la mañana el despertar.
Yo no querría ya escribir,
si el fin de nuestro Sol
significase al mismo tiempo
el acaecer de nuestra dulce
y extraña humanidad.
No habría estudiado yo jamás,
no habría querido yo leer,
si hubiese imaginado
aunque fuesen dos segundos
que la vida
de manera inevitable
contiene en su alma
a esa negra llamada
muerte.
Si no quisiera ir más allá,
habría elegido abrir mis sesos.
Oírle decir que todo acaba,
ver el desinterés en su cara,
apreciar esos labios
contándome cuan duramente
como siempre termina
por aburrirse,
me resta segundo a segundo
las ganas de existir.
La base del amor
debió ser entregarse
a su infinito.
El vacío.
Salí en base a algún ardid, de la casa. Adusto. Ensimismado. Perdido en la nada. Me dirigí hacia el infierno, apuntando el paso hacia la parte menospreciada de la calle Valparaíso, atravesando la plaza Viña cual estocada en el vientre. Entre códigos de calle y complicidad de ladrones, vendedores, barrenderos, insistí apuntando hacia la cordillera. Hasta doblar en un momento hacia el estero. Me refugié en algún putrefacto sauce llorón. Picor de brazos. Me pregunté mil veces sobre el botón que diera término a todo. Angustiado, ahogado en dolor, se me licuó la visión, se levantó la tormenta dentro mío. Llegó un punto en cero, de calma... Se había abierto una segunda realidad, un universo alterno donde yo estaba feliz, y carecía de aquel funesto manto negro de desesperanza. Estuve danzando nuevamente en un inmenso charco de jolgorio, en paz con todo el mundo... Amando eternamente. Pensé en el cuento del sueño del hombre estúpido... Pero volví en mí, a esta realidad del vacío en un instante. En seguida me picaron los brazos, el dolor me consumía. Un mendigo me había visto en mi trance de horror. Me tendió un brazo adornado de lila, me dijo amigo; huele ésta flor de vida. Mas yo no sentía, yo no podía. Lo miré desesperadamente, asfixiándome. Caí al suelo de rodillas. Temblando desahuciado, me tomé de él, y enterré mis dedos en sus brazos mientras todo se iba a negro.
sábado, 14 de marzo de 2009
Hey poeta.
08/11/08
Me enarbolas,
como un mono sin hartarse tras la jaula exigiendo más maní.
Mis dientes crujen
cada vez que te leo.
Me repugnas,
tus signos,
tus acentos,
tus ideas,
quieren fama.
Eres alimento para coliflor muerta.
En tus historias,
en tus limpias letras,
te auto-adjudicas un trono inventado,
condenado hijo de perra,
tus puntos seguidos
están hambrientos de aplausos.
Quisiera enseñarte con la verga
lo que haría con tus sueños,
fantoche mal parido.
Se te pone dura,
cuando te llaman poeta.
Sinvergüenza.
Descarado fanfarrón,
como desearía sacar a tu madre de la tierra
para ponerle al son de tus muñecas amarradas
algo de calor pegajoso a sus plomos huesos.
Miserable,
tus escenarios son cualquier hola hola hola,
arbitrario fantasioso;
"como el caudal de un río"
"como el mar y los pájaros"
me cago en tus repetidas ocurrencias
disfrazadas de poemas,
que visten tu sed de fama,
y esconden la asquerosa lombriz de campo
que llevas en el alma.
Si estuviese a un lado tuyo
te haría arder la frente a palos,
Para largarme a reír y a llorar solo,
pues tu decendencia es eterna.
Me enarbolas,
como un mono sin hartarse tras la jaula exigiendo más maní.
Mis dientes crujen
cada vez que te leo.
Me repugnas,
tus signos,
tus acentos,
tus ideas,
quieren fama.
Eres alimento para coliflor muerta.
En tus historias,
en tus limpias letras,
te auto-adjudicas un trono inventado,
condenado hijo de perra,
tus puntos seguidos
están hambrientos de aplausos.
Quisiera enseñarte con la verga
lo que haría con tus sueños,
fantoche mal parido.
Se te pone dura,
cuando te llaman poeta.
Sinvergüenza.
Descarado fanfarrón,
como desearía sacar a tu madre de la tierra
para ponerle al son de tus muñecas amarradas
algo de calor pegajoso a sus plomos huesos.
Miserable,
tus escenarios son cualquier hola hola hola,
arbitrario fantasioso;
"como el caudal de un río"
"como el mar y los pájaros"
me cago en tus repetidas ocurrencias
disfrazadas de poemas,
que visten tu sed de fama,
y esconden la asquerosa lombriz de campo
que llevas en el alma.
Si estuviese a un lado tuyo
te haría arder la frente a palos,
Para largarme a reír y a llorar solo,
pues tu decendencia es eterna.
viernes, 13 de marzo de 2009
Un pequeño consuelo.
Te sirvo en la copa,
enano decadente;
vetusto deforme
esculpido por lo enfermo,
del más dulce de los líquidos
que mi báculo mágico
ha podido vomitar.
Te lo mereces,
por ocupar esas pequeñas manos de gnomo
para fregarme el ají,
y así sacarme en frenesí
la leche de gladiadores
que ha de saciar tu sed de mí.
enano decadente;
vetusto deforme
esculpido por lo enfermo,
del más dulce de los líquidos
que mi báculo mágico
ha podido vomitar.
Te lo mereces,
por ocupar esas pequeñas manos de gnomo
para fregarme el ají,
y así sacarme en frenesí
la leche de gladiadores
que ha de saciar tu sed de mí.
miércoles, 11 de marzo de 2009
Te agradezco.
Gracias por mirarme así
hoy.
Por besarme así
hoy.
Por cantarme al oído así
hoy.
Por hablarme así
hoy.
Tal como lo hacías
ayer,
cuando aún tenía yo lugar
dentro de tu corazón.
hoy.
Por besarme así
hoy.
Por cantarme al oído así
hoy.
Por hablarme así
hoy.
Tal como lo hacías
ayer,
cuando aún tenía yo lugar
dentro de tu corazón.
lunes, 9 de marzo de 2009
El adios al tugurio amarillo.
Fueron más de 730 veces que la luna invadió aquella pieza. Aún recuerdo el primer día. Desde el momento cero detesté el lugar. Me abrazó un ahogo inmenso. Entonces aprendí lo importante del espacio, por primera vez en la vida le dí valor a esto. Hasta el momento en que llegué al tugurio desastrozo solo pense que el espacio cumplía el simple rol de dar cabida a la materia. Pero mis sentimientos de pantano me enseñaron lo contrario. Chocar a cada rato contra todo lo que tienes cerca incentiva a la lamentable repulsión. En todo ámbito. Andas con un ánimo de mierda. A pesar de todo, fue mí rectángulo, por dos años y algo. Hasta de un perro sarnoso que te babea día y noche en la boca te encariñas en ese tiempo.
A veces extraño la humedad atravesando las ventanas acompañada del sentir cómo una especie de hongo iba poblando poco a poco mis pulmones. O a aquella niña rubia coqueta de falda muy corta que pasaba todos los días de semana por la ventana a las 5 y media de la tarde; hasta que en una oportunidad se dio cuenta de que un flash de cámara fotográfica la invadía desde mi pieza. Siempre intuí que se había cambiado de casa, pues no la vi más a partir de esto. Colegí que ese simple apretar el botón de la cámara habia generado tal crisis dentro de su familia, que habían optado por irse para siempre del barrio, sintiendo una sensación de persecución y peligro extremas. Tuve tantas ganas de poder disculparme... Pero el mal genio que me entregaba el ínfimo espacio con el que contaba se encargaba de hacerme olvidar la culpa. Aun así adoraría encontrarla para excusarme un día. "Sabes, yo fui el desgraciado, disculpa por hacerte creer a ti y a toda tu familia que un depravado mental te perseguía día y noche, es solo que no le quite el flash al jodido aparato, ves". Suena bastante ridículo. Pero tengo años disponibles a mi cuenta (supongo) y así pensar en una mejor combinación de palabras para el momento en el que me la encuentre.
Jamás olvidaré el rugido de los autos pasando 23 horas diarias por mi ventana. El silencio llegaba entre 4 y 5 am, en esa hora todo andaba algo más tranquilo, autos pasaban, sí. Siempre está el huevón curado de semana, el infarto al miocardio, la mujer embarazada. La urgencia que sea que demande viajar. Pero a esa hora es menos probable. Esa maravillosa hora entre cuatro y cinco de la madrugada era única, ahí solo pasaban autos cada 10 minutos. Hasta que a las cinco comenzaba a reactivarse todo otra vez, y el ritmo de microbuses, camiones, ambulancias, buses, motos iba incrementandose cada vez con mayor rapidez hasta la salida del Sol. Dormir así todos los días del año significaba un incisivo dolor de cabeza constante. Parecía jamás irse. De hecho era dificil que lo hiciera. Recuerdo una vez que me fui al campo por un tiempo; el horrible dolor de cabeza había terminado de desaparecer completamente recién al cuarto día. Tampoco olvidaré cosas que marcaron menos mi estancia. Como el tipo que me amenazó a viva voz a las 4 y media de la madrugada, por unos 25 minutos seguidos. Era de esos odios infundados que vienen de gente que uno no conoce, algo muy normal y frecuente. O los balazos. O los choques y atropellos. O aquel rarísimo noviazgo de más de un año en el que mi novia fue a verme solo una vez, y con la que habremos hablado unas 9 veces en total por telefono.
Son cosas que sirven, son eventos que enseñan. Y uno que es curioso como que para las antenas a cualquier frecuencia. Ahora, cuando camino por la calle y veo que el típico sonso de mierda viene caminando hacia mí como si su espalda fuera una especie de ropero inamovible preteniendo avasallar con todo, yo simplemente le brindo un poco de espacio. No mucho tampoco... El resto tiene que ponerlo él. Ahora, si aun asi después de este gesto me pasa a llevar el muy puto, bueno... Qué le vas a hacer, solo cierro los ojos y pienso en que huevones como ese terminaran aliñando y tiñendo por completo de negro y dioxido de carbono el planeta. También cuando subo a la locomoción, y se sienta alguien a mi lado, sé que mi reino en la silla llega hasta la división de las mismas. Si luego de un rato no siento presión desde las piernas de al lado, cierro los ojos y sonrío, disfruto al estar sentado al lado de una persona comprensiva, con una noción clara del respeto que vive en el espacio... Por el contrario, si siento que esas piernas intentan machacar las mías, es como si el tugurio volviese a mi... Y me enciendo de una lamentable repulsión, defiendo mi lugar, esta vez no es un tipo pasando por la calle, es mi lugar, mi silla, mi pieza lúgubre dentro de la micro, teñida de extraño amarillo otra vez.
A veces extraño la humedad atravesando las ventanas acompañada del sentir cómo una especie de hongo iba poblando poco a poco mis pulmones. O a aquella niña rubia coqueta de falda muy corta que pasaba todos los días de semana por la ventana a las 5 y media de la tarde; hasta que en una oportunidad se dio cuenta de que un flash de cámara fotográfica la invadía desde mi pieza. Siempre intuí que se había cambiado de casa, pues no la vi más a partir de esto. Colegí que ese simple apretar el botón de la cámara habia generado tal crisis dentro de su familia, que habían optado por irse para siempre del barrio, sintiendo una sensación de persecución y peligro extremas. Tuve tantas ganas de poder disculparme... Pero el mal genio que me entregaba el ínfimo espacio con el que contaba se encargaba de hacerme olvidar la culpa. Aun así adoraría encontrarla para excusarme un día. "Sabes, yo fui el desgraciado, disculpa por hacerte creer a ti y a toda tu familia que un depravado mental te perseguía día y noche, es solo que no le quite el flash al jodido aparato, ves". Suena bastante ridículo. Pero tengo años disponibles a mi cuenta (supongo) y así pensar en una mejor combinación de palabras para el momento en el que me la encuentre.
Jamás olvidaré el rugido de los autos pasando 23 horas diarias por mi ventana. El silencio llegaba entre 4 y 5 am, en esa hora todo andaba algo más tranquilo, autos pasaban, sí. Siempre está el huevón curado de semana, el infarto al miocardio, la mujer embarazada. La urgencia que sea que demande viajar. Pero a esa hora es menos probable. Esa maravillosa hora entre cuatro y cinco de la madrugada era única, ahí solo pasaban autos cada 10 minutos. Hasta que a las cinco comenzaba a reactivarse todo otra vez, y el ritmo de microbuses, camiones, ambulancias, buses, motos iba incrementandose cada vez con mayor rapidez hasta la salida del Sol. Dormir así todos los días del año significaba un incisivo dolor de cabeza constante. Parecía jamás irse. De hecho era dificil que lo hiciera. Recuerdo una vez que me fui al campo por un tiempo; el horrible dolor de cabeza había terminado de desaparecer completamente recién al cuarto día. Tampoco olvidaré cosas que marcaron menos mi estancia. Como el tipo que me amenazó a viva voz a las 4 y media de la madrugada, por unos 25 minutos seguidos. Era de esos odios infundados que vienen de gente que uno no conoce, algo muy normal y frecuente. O los balazos. O los choques y atropellos. O aquel rarísimo noviazgo de más de un año en el que mi novia fue a verme solo una vez, y con la que habremos hablado unas 9 veces en total por telefono.
Son cosas que sirven, son eventos que enseñan. Y uno que es curioso como que para las antenas a cualquier frecuencia. Ahora, cuando camino por la calle y veo que el típico sonso de mierda viene caminando hacia mí como si su espalda fuera una especie de ropero inamovible preteniendo avasallar con todo, yo simplemente le brindo un poco de espacio. No mucho tampoco... El resto tiene que ponerlo él. Ahora, si aun asi después de este gesto me pasa a llevar el muy puto, bueno... Qué le vas a hacer, solo cierro los ojos y pienso en que huevones como ese terminaran aliñando y tiñendo por completo de negro y dioxido de carbono el planeta. También cuando subo a la locomoción, y se sienta alguien a mi lado, sé que mi reino en la silla llega hasta la división de las mismas. Si luego de un rato no siento presión desde las piernas de al lado, cierro los ojos y sonrío, disfruto al estar sentado al lado de una persona comprensiva, con una noción clara del respeto que vive en el espacio... Por el contrario, si siento que esas piernas intentan machacar las mías, es como si el tugurio volviese a mi... Y me enciendo de una lamentable repulsión, defiendo mi lugar, esta vez no es un tipo pasando por la calle, es mi lugar, mi silla, mi pieza lúgubre dentro de la micro, teñida de extraño amarillo otra vez.
sábado, 7 de marzo de 2009
Oiga iñor.
La sencillez de una sonrisa,
la suavidad de un silencio
que no conturba y nunca aprieta.
Como también la dulce orquesta,
de una historia a media noche;
y un despertar con margarina
sobre el pan de ya un par de soles.
El caminar a mediodía
de pies mojados en la playa,
suspirando tiernamente aquellos besos de antenoche
con cosquilleos en el vientre.
El té caliente compartido,
ante un fuego rústico de cobre,
Estos detalles de luz no he de cambiar por lujo alguno,
que me entregue la codicia
sobre escritorios de roble.
la suavidad de un silencio
que no conturba y nunca aprieta.
Como también la dulce orquesta,
de una historia a media noche;
y un despertar con margarina
sobre el pan de ya un par de soles.
El caminar a mediodía
de pies mojados en la playa,
suspirando tiernamente aquellos besos de antenoche
con cosquilleos en el vientre.
El té caliente compartido,
ante un fuego rústico de cobre,
Estos detalles de luz no he de cambiar por lujo alguno,
que me entregue la codicia
sobre escritorios de roble.
jueves, 5 de marzo de 2009
El verano casi se ha ido.
Quedarme sin tí es un sudor extraño encerrado en la pieza, que habla agazapado en las ventanas. Quedarme sin ti es el incendio de los tiernos bosques que florecen dentro de mis venas. Un dolor del alma que llega al cuerpo. Me duelen los brazos cuando me haces falta, niña sin segundo nombre. Tu vida está armada, y yo... Que tengo esa magnífica y completa libertad, debo parecerte un ave desplegando un brioso baile por las nubes. Debe de parecerte que lo tengo todo, y muchas veces lo es así, mas sin tí, mi vida está desarmada. Podría ir do yo quisiera, al parecer. Pero no tengo otro horizonte que no sea el que se forma en aquellos ojitos tuyos cuando sonríes. Quedarme sin tí debería estar prohibido, por la corte de la bondad. Vendrán mujeres. Vendrán amigos. Se irán unas cuantas uñas. Se destaparán botellas. Caerán sonrisas. Habrá desorden , habrá pasión dislocada. Mas nada interesa cuando me quedo sin sentir el cosmos que nace entre nuestros labios.
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