viernes, 20 de junio de 2008

Al son del tiovivo.

La pintura en el cajón clama por el terror. Mientras el hombre duerme, los colores anhelan adherirse a la piel de la bestia. Parecen hervir entre lápices y pinceles. Dando vueltas y vueltas, el hombre besa musas y mueve las caderas de forma enfermiza entre sábanas y señoras inexistentes. Se raja el cielo; la noche es devorada por un famélico Sol. Una fiesta y cien globos esperan que el demonio anime la mañana cumpleañera. Las coloridas cremas arden en las manos del hombre camino al baño. El espejo se viste de cómplice, devela al payaso de labios sangre, de ojos abismantes y cejas improvisadas sobre un blanco privado de sentimientos. Automóvil. Kilómetros vencidos. Niños espectantes. Juegos y dulces. Artificio fatal. Sedantes: oscura sala. Fuerza desmedida. Genitales y cuchillos danzan, entre letales fantasías infladas en helio. El truhán alimenta sus sonrisas desquiciadas ante pueriles lágrimas silenciadas.

jueves, 5 de junio de 2008

Mon cheri.

Te amo cuando lloriqueas trémula.
Cuando te rompes desde dentro hacia afuera.
Te deseo más cuando me tienes miedo.
Medrosa y pusilánime.
Te amo más cuando sólo quieres escapar de mí.
Pringosa de pavor.

Cuando te tiritan las rodillas.
Te amo.
Cuando tu esfínter se suelta.
Te amo.
Cuando no eres capaz de pronunciar una sóla palabra te amo.

Cuando me imploras te deje.
Te amo.
Cua cua cuando se te trancan las frases enfriadas.
Te amo.
Cuando hago llorar tus muñecas entre cuerdas te amo.

Tengo los dedos del demonio
revolviendo las últimas hilachas que atisban los postrimeros vestigios de tu punto G.
Para amarte mientras hueles a muerte.

domingo, 1 de junio de 2008

Oda al enemigo.

Y mis ojos escupieron vastos ríos
una noche entera,
cavilando en mi miseria.
Embriagado de amargura.
Intentando arrancar de la peste que me ataca desde que aparecí.

No se cuantas burbujas saladas me costarán el olvidarte
tierno amigo tramposo.
Me has azotado como el peor de mis detractores.
Es que tu látigo ha sido educado en cariño.
Me asfixia tanto el pecho.

Tú que jamás sabrás de letras algunas.
Pues poco te importan.
Para tí soy sólo un borracho desaliñado que te habla sobre mujeres.


Me fracturé la ternura
escuchando al jodido Barenboim
disparar nocturnas implacables que me llevan, con un demonio.


El pesar dentro está.
Eterna gloria.
Conmigo es.
Conmigo será.
Caro traidor cuan entendido eres
en el arte
de encender mi llama
devastante y creadora.

Una cita con Merdonio.

Mira, ahí va mi amigo
el de mirada torva, el truculento.
El desdentado, de luz abolida.
El que no se inmuta.
el del tajo en el cráneo.
El más traidor hijo de puta
que los bastardos del universo jamás pudieron traer a tierra.

Ahí va mi amigo,
una vez más a hacer de su terno la felonía.
Ahí va mi amigo a mi encuentro falsamente sonriendo.
Al que conozco ya hace más de diez años.
Con sed de destruirse a mi lado.
De desaparecer junto a mí.
Ahí viene a mi encuentro,
la mentira más grande de la ciudad.

Tras un par de ladrones y prostitutas,
se abre paso entre mendigos y policías,
con el mismo traje que le ví llegar
ahí donde la conveniencia alguna vez lo citó.
Viene mi amigo a dejar de pensar a mi lado.
A jurarme lealtad, a aventarme gargajos en cuanto me levanto de la estúpida escalera o bar,
y emprendo camino a casa.