Y mis ojos escupieron vastos ríos
una noche entera,
cavilando en mi miseria.
Embriagado de amargura.
Intentando arrancar de la peste que me ataca desde que aparecí.
No se cuantas burbujas saladas me costarán el olvidarte
tierno amigo tramposo.
Me has azotado como el peor de mis detractores.
Es que tu látigo ha sido educado en cariño.
Me asfixia tanto el pecho.
Tú que jamás sabrás de letras algunas.
Pues poco te importan.
Para tí soy sólo un borracho desaliñado que te habla sobre mujeres.
Me fracturé la ternura
escuchando al jodido Barenboim
disparar nocturnas implacables que me llevan, con un demonio.
El pesar dentro está.
Eterna gloria.
Conmigo es.
Conmigo será.
Caro traidor cuan entendido eres
en el arte
de encender mi llama
devastante y creadora.
domingo, 1 de junio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario