Te sirvo en la copa,
enano decadente;
vetusto deforme
esculpido por lo enfermo,
del más dulce de los líquidos
que mi báculo mágico
ha podido vomitar.
Te lo mereces,
por ocupar esas pequeñas manos de gnomo
para fregarme el ají,
y así sacarme en frenesí
la leche de gladiadores
que ha de saciar tu sed de mí.
viernes, 13 de marzo de 2009
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