sábado, 7 de marzo de 2009

Oiga iñor.

La sencillez de una sonrisa,
la suavidad de un silencio
que no conturba y nunca aprieta.
Como también la dulce orquesta,
de una historia a media noche;
y un despertar con margarina
sobre el pan de ya un par de soles.

El caminar a mediodía
de pies mojados en la playa,
suspirando tiernamente aquellos besos de antenoche
con cosquilleos en el vientre.
El té caliente compartido,
ante un fuego rústico de cobre,
Estos detalles de luz no he de cambiar por lujo alguno,
que me entregue la codicia
sobre escritorios de roble.

No hay comentarios: