martes, 21 de octubre de 2008
El oficio.
Llegado a tal punto el hombre tragó algo de aire. Quedóse quieto. Sabía que tenía que arreglar el problema de las tuberías. Es así la vida. Siempre otra cosa que hacer. Uno no puede terminar de hacer una cosa y ya está pensando en la otra. El asunto es que caviló sobre la escura razón, de aquel desgraciado dolor de estómago que lo acompañaba de hace ya un par de meses. De esos meses largos. Añosmeses. Mesaños. O algo. En un comienzo, pensó en cortarse los vellos alrededor del ombligo. Podía que le estuvieran tirando. De alguna u otra forma, debían de meterse por los huecos ínfimos de la remera, y claro, le tiraban, entonces sentía el dolor. La trampa del insumo. Bello vello. El traje negro que guardaba limpio en caso de alguna diligencia. El gato en la plaza. Todos sabían el por qué del dolor. O al menos esa sensación tenía él. Pero vaya a saber él mismo, el afectado, por qué sentía semejante sensación desagradable en su vientre. La terrible sensación de dolor en el estómago por supuesto. La misma que ya de hace cuatro meses le estaba quitando la atención. No podía ya ver televisión. Ni escuchar la conversación radial de las nueve y media. Apenas podía hacer arreglos menores dentro del hogar. Arreglos que por lo demás, formaban parte del único cargo que él mantenía como hombre de la casa, como jefe de hogar. Desde luego, el digno menester de la solución de problemas domésticos. Ese era su cargo. Y no podía llevarlo a la práctica tranquilamente. Por diferentes razones. Uno: el déficit atencional. Dos: el turbado estado emocional que le dejaba la imposibilidad de escuchar la interesante conversación de las nueve y media que mantenían en la radio a diario. En la que informaban sobre distintos avances científicos de hegemónica importancia. Noticias múltiples del tipo. "Estar al tanto", algo básico, se decía a sí mismo. "Para poder funcionar de forma óptima en mi hogar lo primero es saber cómo funcionan las cosas por sí mismas"-afirmaban las palabras que hablaban dentro del hombre. Mas como de momento el dolor en el vientre le quitaba la posibilidad de ahondar en casi cualquier materia externa a lo estrictamente hogareño; decidió atenerse, pese a todo, a realizar el trabajo que él mismo se había asignado en antigüas conversaciones con su esposa. Por lo que se dirigió a la cocina, y verificó que todo estuviese en orden.
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