Somos parte de él,
y ha sido así a través de todas nuestras eras.
Entre dibujos en cavernas,
a través de siete mares,
encerrados en mil templos
no hemos sido mas que él mismo...conociéndose, ensimismándose,
somos sus anhelados ojos
abiertos y profundos.
Llamamos conciencia
a su capacidad,
a su oportunidad
de enamorarse,
de conocerse,
de sentirse a sí mismo y estallar en emociones.
Nos muestra la forma y nos orienta,
mas cuando nos aventuramos a enfrentarlo
sabe muy bien cómo hacernos perder el rumbo nuevamente,
para enviarnos a seguir cosechando poemas,
a embriagarnos en dilemas.
Los bellos límites nos alimentan,
queremos avanzar, como un irracional al infinito...
Entonces es cuando nos "damos el tiempo"
para fijar la mirada donde ponemos el pie
y regocijarnos en sus cenizas.
Nos lanzamos al océano,
para volar en su hidrógeno incendiado alguna vez por un oxígeno enfurecido,
y sorteamos sus olas, invocando la antigüa nube primitiva...
En nuestro suelo bello de estrella endurecida,
nos abrazamos,
en nuestros campos verdes de gases transmutados,
nos besamos,
en sus prados nos recostamos
para observarnos allá arriba,
y dejar alguna lágrima enternecida
al darnos cuenta de la inefable belleza
de nuestro propio y majestuoso
rostro sideral.
miércoles, 13 de agosto de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
4 comentarios:
escrive mas claro q no se entniende
?.?
Deja que te monte un caballo.
Ahí sí entiendes?
^^
Siento ese sabor amargo en la boca
que delata la buena calidad del producto aqui. El amargo sabor que hace mas confiable la espera.
Una vieja talla, de un viejo hermano
que te visita y comprende en el centro solitario de aquel
momento
Te sigo leyendo..
Publicar un comentario