Somos parte de él,
y ha sido así a través de todas nuestras eras.
Entre dibujos en cavernas,
a través de siete mares,
encerrados en mil templos
no hemos sido mas que él mismo...conociéndose, ensimismándose,
somos sus anhelados ojos
abiertos y profundos.
Llamamos conciencia
a su capacidad,
a su oportunidad
de enamorarse,
de conocerse,
de sentirse a sí mismo y estallar en emociones.
Nos muestra la forma y nos orienta,
mas cuando nos aventuramos a enfrentarlo
sabe muy bien cómo hacernos perder el rumbo nuevamente,
para enviarnos a seguir cosechando poemas,
a embriagarnos en dilemas.
Los bellos límites nos alimentan,
queremos avanzar, como un irracional al infinito...
Entonces es cuando nos "damos el tiempo"
para fijar la mirada donde ponemos el pie
y regocijarnos en sus cenizas.
Nos lanzamos al océano,
para volar en su hidrógeno incendiado alguna vez por un oxígeno enfurecido,
y sorteamos sus olas, invocando la antigüa nube primitiva...
En nuestro suelo bello de estrella endurecida,
nos abrazamos,
en nuestros campos verdes de gases transmutados,
nos besamos,
en sus prados nos recostamos
para observarnos allá arriba,
y dejar alguna lágrima enternecida
al darnos cuenta de la inefable belleza
de nuestro propio y majestuoso
rostro sideral.
miércoles, 13 de agosto de 2008
martes, 12 de agosto de 2008
Martes con Ernesto.
Entre conversaciones y cortos de tequila le dije a Ernesto se dejara de tonterías y fuese de una vez a conversarle a una de las chicas que estaba un par de mesas tras mío, con la que hacía ojitos hace más de una hora, por lo que no paraba de fanfarronear.
Tu no sabes nada de mujeres -reprendió Ernesto-. Se levantó y desapareció de mi vista. Luego lo ví sentado con las dos chicas de la mesa aquella. Jodido cabrón, como lo hace -me dije-. Me tomé en 4 segundos los dos tequilas que quedaban sobre la mesa y emprendí camino al baño. Un baño repleto de mierda, digo yo, como no cagan donde se debe... mientras me veo meando en cualquier parte menos donde debería mear. Me río hacia adentro. El vaho del meado me acaricia las mejillas como solo él sabe. Salgo de esa cagada de pieza destinada a que los clientes defequen y orinen finalmente por donde se les plazca. Me topo con una señora, corpulenta a no más dar, me pone los ojos encima. Miro al horizonte y sigo caminando. "Condenado guiñapo, y se anda con altanerías" musita la vieja. Maldición, nunca fui buena carta para buscar miradas. Menos para vetustas repletas de grasa. Pero es cierto, debí heredar alguna postura media altanera que hace crispar a varios.
Debo arreglar esa mierda -me dije una vez más-, como si fuese primera vez que reparara en esos ademanes que me ponen en jaque día y noche. Aunque pasado un par de tequilas más y ya de vuelta en mi mesa siempre la idea termina yéndose al carajo. De pronto veo a Ernesto discutiendo con algun tipo... Mierda, es seguro que alguna de esas putas esperaba al novio o algo. Si es así digo yo y para qué buscan la mirada de uno. Son igual o más calientes que uno joder. ¡Atízale Ernesto, atízale al cabrón maldición! -grito con determinación total, ebrio y esperando algo de violencia, placer sin sentido, o vaya a saber yo qué otra cosa. ¡Atízale al muy mierda!. No había terminado de decirlo en realidad y Ernesto lo tenía en el suelo bastante mal puesto de un par de botellazos y no paraba de darle cabezazos en la nariz. Entonces veo a la que andaba con miradas calentonas llamando a los polis. Fue ahí cuando me lancé encima de la perra con botella en mano. ¡Te las voy a dar puta! -vociferé enrabiado- ¿No te gusta andar regalando el culo a miradas cabrona?. !Ahora sabrás!. No había aun llegado a golpearla y ya cuatro tipos me tenían a patadas en el suelo. Me dieron como pocas veces, y a Ernesto también. En pocos minutos nos vimos fuera, con los polis empujándonos dentro de la camioneta. Y así terminamos la velada, una vez más entre ladrones y travestis, completamente borrachos, cantando Blue Feeling de los Animals una y otra vez, sin saber mucho donde diablos estábamos. De vez en cuando los polis nos hacían callar. Y no se en qué momento nos sacarían de esa celda. El tipo al que le atizó Ernesto había quedado con severo daño cerebral en cuidados intensivos. Saldremos de acá y nos daremos una vuelta por tribunales o que se yo. Lo cierto es que la noche que viene no habrá mucha juerga.
Tu no sabes nada de mujeres -reprendió Ernesto-. Se levantó y desapareció de mi vista. Luego lo ví sentado con las dos chicas de la mesa aquella. Jodido cabrón, como lo hace -me dije-. Me tomé en 4 segundos los dos tequilas que quedaban sobre la mesa y emprendí camino al baño. Un baño repleto de mierda, digo yo, como no cagan donde se debe... mientras me veo meando en cualquier parte menos donde debería mear. Me río hacia adentro. El vaho del meado me acaricia las mejillas como solo él sabe. Salgo de esa cagada de pieza destinada a que los clientes defequen y orinen finalmente por donde se les plazca. Me topo con una señora, corpulenta a no más dar, me pone los ojos encima. Miro al horizonte y sigo caminando. "Condenado guiñapo, y se anda con altanerías" musita la vieja. Maldición, nunca fui buena carta para buscar miradas. Menos para vetustas repletas de grasa. Pero es cierto, debí heredar alguna postura media altanera que hace crispar a varios.
Debo arreglar esa mierda -me dije una vez más-, como si fuese primera vez que reparara en esos ademanes que me ponen en jaque día y noche. Aunque pasado un par de tequilas más y ya de vuelta en mi mesa siempre la idea termina yéndose al carajo. De pronto veo a Ernesto discutiendo con algun tipo... Mierda, es seguro que alguna de esas putas esperaba al novio o algo. Si es así digo yo y para qué buscan la mirada de uno. Son igual o más calientes que uno joder. ¡Atízale Ernesto, atízale al cabrón maldición! -grito con determinación total, ebrio y esperando algo de violencia, placer sin sentido, o vaya a saber yo qué otra cosa. ¡Atízale al muy mierda!. No había terminado de decirlo en realidad y Ernesto lo tenía en el suelo bastante mal puesto de un par de botellazos y no paraba de darle cabezazos en la nariz. Entonces veo a la que andaba con miradas calentonas llamando a los polis. Fue ahí cuando me lancé encima de la perra con botella en mano. ¡Te las voy a dar puta! -vociferé enrabiado- ¿No te gusta andar regalando el culo a miradas cabrona?. !Ahora sabrás!. No había aun llegado a golpearla y ya cuatro tipos me tenían a patadas en el suelo. Me dieron como pocas veces, y a Ernesto también. En pocos minutos nos vimos fuera, con los polis empujándonos dentro de la camioneta. Y así terminamos la velada, una vez más entre ladrones y travestis, completamente borrachos, cantando Blue Feeling de los Animals una y otra vez, sin saber mucho donde diablos estábamos. De vez en cuando los polis nos hacían callar. Y no se en qué momento nos sacarían de esa celda. El tipo al que le atizó Ernesto había quedado con severo daño cerebral en cuidados intensivos. Saldremos de acá y nos daremos una vuelta por tribunales o que se yo. Lo cierto es que la noche que viene no habrá mucha juerga.
viernes, 1 de agosto de 2008
Indigna supernova.
La noche estaba agresivamente enfriada. F yacía, como hace años a esta hora, tras un pequeño puesto de periódicos. Acabado, intentaba cerrar los ojos. Temblor de articulaciones. Una rata con volumen de gato agazapada entre la maleza espera por la gloria. Tres gritos de agilucho se oyen desde lejos. El canto de lo incierto se repite en el silencio de la calle abandonada. El pecho de F se contrae y se expande. A tal punto que lo levanta del suelo y lo lanza otra vez a la acera. Dentro suyo toca un bombo deletéreo. Frío, calor; se repite el compás. Explosión. Ojos sangrando. Roedor cenando.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)