jueves, 29 de enero de 2009

Confusión.

Estabas herida, sobre el cerámico de mi cocina. La ciudad descansaba. El poder de la noche humedecía las ventanas de mi apartamento. Aún tu rostro lanzaba perturbadoras muecas. Tus maltratadas muñecas perdían tono. Y mi corazón, ahí a tu lado insistía en palpitar, mientras el tuyo me dejaba para siempre. Poco a poco. Mi sonrisa entristecía. A ratos volvía. Mi camisa estaba teñida. De roja confusión. Mi corazón insistía en palpitar, cada vez a mayor velocidad. Tus muecas se despedían. Mis brazos temblaban fríos; pero agradecían no conocer el verdadero torrente gélido con tan solo rozar tu cuerpo. Y mi palpitar insistía, en desencajar mi percepción. Retumbando cada vez más rápido. Ya no se si realmente lo merecías. Ya no se si te dejé de amar "tan" completamente. Es entonces cuando con un sonido de bestia arrancando desde tu boca tu semblante pierde expresión... Ya no se como te llamas... Duro pedazo de nada; y así te me vas... Cuando más te quiero, te me vas...

No hay comentarios: